lunes, 14 de abril de 2008

Cambiar de vida



Hay que ver cuantas vuelta da esta insegura vida; acostumbras a vivir de una manera, con una profesión que parecía estable y para siempre, pero con el paso de los años y el destino, esta cotidiana vida cambia de formato y...

Los bejaranos lo conocemos bien, la mayor parte de nosotros hemos sido, y somos, un pueblo de emigrantes. Sabemos lo que es el cambio de costumbres; de idioma; de cultura; vamos que sabemos lo que es cambiar de forma de vida porque lo llevamos haciendo desde hace muchos años.

La emigración muchas veces es para mejorar, pero otras tantas no es así. Ha veces tienes bien planeadas las cosas y poco a poco vas llegando a esa meta que trazaste soñando junto a la almohada. Pero por desgracia esto no es así para todos, algunos no alcanzan esos sueños.
Somos un pueblo de emigrantes, sin futuro. Un pueblo donde naces y aprendes a andar, lo justo para salir corriendo lejos, tras la sierra, allá donde te ciega el sol del alba. Otros tienen la suerte de volver con nuevos conocimientos, pero no para quedarse, únicamente una visita a la familia y ... hasta el próximo año. Algunos, los menos, retornan unos años al nido y vuelven a salir en busca de lo que aquí, en Béjar, no encuentran: TRABAJO.

Pero sin lugar a dudas los más afortunados son aquellos que retornan para quedarse una vez han cumplido con la obligación que exige nuestra sociedad, la ansiada jubilación. Aunque hay una gran mayoría de estos últimos, de los jubilados, que tampoco retornan para quedarse para siempre frente a estas sierras de testigo su infancia, algo poderoso los obliga a no retornar: sus hijos, nietos, las nuevas costumbres, etc., hacen que el retorno definitivo jamás vuelva a producirse.

Estoy a punto de cambiar mi forma de vida, pero por desgracia Béjar no es mi meta final. Eso si, siempre llevaré en mi cansada memoria aquellos felices años que viví en mi pueblo. En invierno, el blanco de la nieve frente a la sierra; las orejas coloradas por el frío e incluso algún sabañón que otro. En verano, los baños con los amigos en la pesquera “El Lirio”, “El Pantano”, “El Cubo” o, el mismísimo “Canalizo”.
No olvidaré mi vieja escuela Ronda de Navarra, lo que ahora es el Centro Cultural San Francisco. A todos y cada unos de mis compañeros de clase de Instituto Ramón Olleros, en nocturno claro, que durante el día había que trabajar.
Los guateques en el sótano del Bar Transporte. Las ferias de septiembre y de mayo con sus gigantes y cabezudos y las “Carbajeras” verbenas.
Mis vecinos de El Plantío, donde más que un barrio parecía un pueblo. Donde todos nos conocíamos, en verano las veladas se prolongaban a la luz de la luna.

Cuantas vueltas de la vida, mi vida está a punto de cambiar, igual no será el ultimo cambio que haga, pero no creo que a esta altura de la vida me queden muchos más.

Continuaré aquí, en Penedés, junto al Mare Nostrum, donde primero sale el sol en la Península Ibérica y se habla de forma distinta.


(Publicado en: http://www.i-bejar.com/