martes, 12 de diciembre de 2006

¡¡¡Contra la cultura, mano dura!!!


Últimamente esta tribu nuestra anda algo constreñida. La sacrosanta libertad de expresión, parte fundamental del individuo libre, parece no estar en el mejor de los momentos.
¿El motivo? No podría ser de otra manera: el cacique de la tribu, que no gusta de discrepancias que solivianten la adormecida conciencia de los domesticados indígenas que habitan nuestra serrana tribu. La libertad solo es admitida mientras no se ponga en entredicho la política trivial del partido dominante en toda la región; es por ello la sibilina coacción hacia los individuos comprometidos con la libertad de expresión, por parte del cacique y sus bien alimentados hechiceros que le apoyan.
No respetan las reglas de juego. Ven peligrar sus componendas que durante tantos años han venido presuntamente disfrutando, gracias al cargo que ocupan, y les entra pánico. Están en pie de guerra contra la libertad de expresión y no dudan en lanzar a su guardia personal, como amenazante avanzadilla, para comprobar si los librepensadores de la tribu serrana, tienen colocadas perfectamente todas las pólizas en su permiso correspondientes para expresar sus libres pensamientos, porque en este lugar, al parecer, los pensamientos no se pueden expresar si no es con el permiso de la autoridad competente.
El problema ha llegado a la tribu por un problema de pólizas, o de sellos que no están situada correctamente, o de valla Ud. Sr. mío a saber por que, lo único cierto son las zancadillas, escollos y amenazas, que están recibiendo algunos medios de comunicación que se dedican a informar sobre la actividad cotidiana de la tribu.
¡¡¡Que cierren el chiringuito!!! –ordena el cacique- y allá van todos a una, en tropel, a cerrar la boca a quienes han osado discrepar de la política borriquera imperante en la tribu. ¡¡¡Contra la cultura, mano dura!!! Clama quien tendría que vigilar porque los habitantes de estos nevados montes, a falta de futuro en la tribu, tuvieran una elevada salud intelectual que les preparara para el duro destierro a los que generación tras generación, nos vemos sometidos.
La libertad de expresión no se debe reprimir; las palabras solo pueden dañar a quienes no tienen la conciencia limpia. Podremos estar de acuerdo o, no, con las opiniones del prójimo, pero en esta democrática sociedad en la que nos encontramos, a pesar de las opiniones contrarias, por incoherentes que nos parezcan, tenemos que aprender a respetarlas. En prensa, radio, televisión, reunión de escalera, foros de Internet, etcétera, el derecho a expresar nuestra diferencia es fundamental para sentirnos libres.
Lo maravilloso del arco iris son los diversos colores que lo conforman. La uniformidad en las ideas o, la idea única, son cosas del pasado ¿no?


(Publicado en: http://www.bejarnoticias.com/ )